Semifinales Día 1
Menudo partidazo. El partido del Mundial, el partido de mis Mundiales.
La Copa del Mundo es esto: épica, gloria. Un partido de los que nos cuentan nuestros mayores, de los que hemos visto con décadas de perspectiva, de los que elevaron al fútbol sobre el resto de los deportes.
Sólo Italia podía ganar a una Alemania así. Sólo Italia podía sostener ese ritmo demoledor. Si Alemania corría, Italia corre eso y más. Si Alemania pegaba, Italia pega eso y más. Si Alemanía competía, Italia nació para competir.
Dos porteros inmensos. Dos bloques el uno frente al otro. Italia venció gracias a las aristas. Colosal Cannavaro, lección magistral defensiva, por alto, por bajo, con y sin pelota; ciento veinte minutos sin error. Valiente en los cambios Lippi, contraculturales. Desafiando los pronósticos, Italia se lanzó a por el triunfo en el tiempo extra, demasiada sorpresa para Alemania, plana como la tarifa de Internet de Telefónica, un toro sin cuernos.
Gloriosa prórroga, memorable. Ida y vuelta, fútbol sin cadenas. Madera, Buffon y Lehmann. El oxígeno italiano, el talento de Pirlo, remate imposible de Grosso, así se canta un gol. Y el golpe de gracia, el premio para la infinita clase de Del Piero.
Italia no engaña; el mejor arquero, Cannavaro y su certeza, Gattuso y el fútbol sin errores. El cosmos de Totti, las pequeñas sociedades -Pirlo, Del Piero-. Delanteros del nuevo siglo; versátiles, productivos. Un equipo azul, el alma en cada partido, no hay lugar para la desgracia, para el lamento, para la compasión; sólo rabia por vencer. Y se lo merece.
La Copa del Mundo es esto: épica, gloria. Un partido de los que nos cuentan nuestros mayores, de los que hemos visto con décadas de perspectiva, de los que elevaron al fútbol sobre el resto de los deportes.
Sólo Italia podía ganar a una Alemania así. Sólo Italia podía sostener ese ritmo demoledor. Si Alemania corría, Italia corre eso y más. Si Alemania pegaba, Italia pega eso y más. Si Alemanía competía, Italia nació para competir.
Dos porteros inmensos. Dos bloques el uno frente al otro. Italia venció gracias a las aristas. Colosal Cannavaro, lección magistral defensiva, por alto, por bajo, con y sin pelota; ciento veinte minutos sin error. Valiente en los cambios Lippi, contraculturales. Desafiando los pronósticos, Italia se lanzó a por el triunfo en el tiempo extra, demasiada sorpresa para Alemania, plana como la tarifa de Internet de Telefónica, un toro sin cuernos.
Gloriosa prórroga, memorable. Ida y vuelta, fútbol sin cadenas. Madera, Buffon y Lehmann. El oxígeno italiano, el talento de Pirlo, remate imposible de Grosso, así se canta un gol. Y el golpe de gracia, el premio para la infinita clase de Del Piero.
Italia no engaña; el mejor arquero, Cannavaro y su certeza, Gattuso y el fútbol sin errores. El cosmos de Totti, las pequeñas sociedades -Pirlo, Del Piero-. Delanteros del nuevo siglo; versátiles, productivos. Un equipo azul, el alma en cada partido, no hay lugar para la desgracia, para el lamento, para la compasión; sólo rabia por vencer. Y se lo merece.

0 Comments:
Publicar un comentario en la entrada
<< Home